03 marzo 2006

Es todo cuento

Érase una vez un reino muy muy lejano donde se encontraba la más extraordinaria de las ciudades. Sus habitantes eran gente de hielo, témpanos en movimiento que no podían sentir calor. La ciudad sim embargo... su río te hablaba si estabas dispuesto a escucharlo, sus calles desprendían olor de jazmines y a la luna le encantaba perderse por sus estrechas calles, conversando con los mágicos edificios que guardaban el cálido brillo del oro incluso en las más oscuras de las noches. Los parques vibraban con el candor del césped juguetón, y los tiernos árboles vigilantes. Esa ciudad tenía tal vida que debía cogerla de sus habitantes, nunca te sentías solo, pero no estabas acompañado por tus semejantes. Pero te abrumaba, te aturdía, te embelesaba y te enamoraba.

En esa ciudad vivía un príncipe mediocongelado ya que no pertenecía por completo a la ciudad. Sólo los extranjeros eran personas de fuego en este reino, y el príncipe combinaba los dos elementos en un extraño equilibrio. Tan pronto descubría intensas pasiones que le quemaban, como las apagaba el agua que provenía de su helado interior. Y fue al alejarse de la hermosa urbe cuando el calor tomó su vida por completo y desterró el hielo para siempre.

Más le vale. NO8DO

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